Por fin llegó el día 24 de junio y con esta fecha la primera edición de SAN SEBASTIAN CIRCUIT SPIRIT, tratando de rememorar aquellas heroicas carreras de autos que tuvieron lugar en el Circuito de San Sebastián entre 1923 y 1932.

En el puerto de San Sebastián estaba situado el parque cerrado, donde nos fuimos congregando los participantes en las dos versiones previstas: Rally Classic Sport para autos entre 1923 y 1968 y GT-Bira para vehículos deportivos a partir de 1968.

Tras los saludos de rigor, las verificaciones y la oportuna confirmación de la inscripción solo nos quedaba esperar la hora de salida prevista por la organización. Como normalmente vamos con tiempo, pudimos disfrutar de unos momentos muy agradables departiendo con otros participantes y con los innumerables aficionados que se acercaron a la salida. Sorprende siempre encontrarse con personas con un conocimiento técnico amplísimo que en muchas ocasiones nos aportan datos que ni los propios propietarios de los autos conocemos. En cualquier caso, eventos como estos nos permiten disfrutar de automóviles que están ya lejos de lo cotidiano como un Jaguar SS 2.5 de 1937 o un XK 140 de 1956, un Ford A de 1930 y los “mas recientes” Austin Healey 3000, Triumph TR3 y Chevrolet Corvette C1 de 1959, entre otros.

Con los preparativos listos, dorsales instalados y emblemas en los autos, llegó el momento de la partida. Al equipo Classic Details nos había correspondido el numero 25 así que aún nos quedaba esperar un poco, pero la salida tal y como estaba prevista resulto ágil y, en menos, de lo esperado estábamos en disposición de formar parte de la historia como participantes en esta primera edición del San Sebastián Circuit Spirit.

Salimos del puerto bordeando la bahía de La Concha dirección a Ondarreta para iniciar la subida al Monte Igeldo, lugar emblemático del automovilismo donostiarra y guipuzcoano para a continuación seguir ruta dirección a la  localidad costera de Orio.

Desde allí seguimos nuestro camino hacia Lasarte donde nos encontramos con nuestro primer punto de control y posterior zona cronometrada,  rememorando el antiguo trazado del mítico Circuito de Lasarte que en los años treinta reunió  a lo más significado del automovilismo mundial.

Superado el primer hito del día, encaminamos nuestras máquinas hacia el interior de Gipuzkoa por Villabona, Irura y dirigirnos a Asteasu por carreteras entre paisajes idílicos.

Desde el alto de Aia comenzamos el descenso hacia Zarauz, conocido desde más de un siglo como enclave vacacional, pero que en esta ocasión solo nos vio pasar hacia Getaria. Para alcanzar la localidad marinera tomamos la carretera que nos llevó al alto de Meagas y desde allí pudimos admirar los terrenos que suministran las uvas con las que se produce el más que conocido txakoli de Getaria.

Llegados a la villa natal de Juan Sebastian Elkano pudimos disfrutar de un merecido descanso, disponiendo de cerca de dos horas para almorzar y posibles ajustes.

Aunque parecía mucho tiempo, la amigable conversación entre los participantes y el ambiente que se vivió en la zona, nos obligó a tener que salir corriendo para estar a la hora asignada en la salida para el segundo sector.

La caravana clásica bordeó la costa por la colosal carretera N-634 en dirección Zumaia, donde estaba prevista nueva zona cronometrada. Desde allí, vuelta al interior recorriendo la escarpada orografía de montañas y valles que nos llevó a Azpeitia pasando por el Balneario de Zestoa cómplice mudo de aquella carrera automovilística que atravesó Gipuzkoa en los años treinta.

En Azpeitia la organización tenía previsto con buen criterio un pequeño tente en pie, porque la jornada se iba alargando y era necesario reponer energías para encaminar el último sector, nuevamente por la Gipuzkoa interior en dirección Errezil, Bidania, Tolosa, Andoain y de allí retornar a San Sebastián.

La entrada en el parque cerrado situado en el Puerto, era un hervidero de personas que recibieron con entusiasmo el goteo de autos y que disfrutaron como nosotros admirando esas viejas máquinas que dieron lo mejor de sí mismas para alcanzar la meta.

Finalizada la jornada automovilística solo nos quedaba disfrutar del fin de fiesta con la cena prevista por la organización y la entrega de los merecidos premios a los equipos participantes.

Desde aquí, en mi doble condición de participante y de patrocinador quiero mostrar mi agradecimiento a la organización y trasladarles mi ánimo para continuar este precioso proyecto que estoy convencido nos llevará a una segunda edición con aun más éxito.

Hasta el año que viene.

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